Parece una frase muy cotidiana y muy utilizada: “estudia despacio”. Pero ¿alguna vez te has parado a pensar por qué?

Cuando estudiamos despacio, no estamos simplemente reduciendo la velocidad. Estamos aprendiendo, paso a paso, los caminos que nuestros dedos deben recorrer por los diferentes trastes y por el diapasón. Aprendemos a moverlos, a coordinarlos y, muchas veces, a utilizar diferentes técnicas para resolver un mismo pasaje.

Pero hay algo que considero especialmente importante: la dinámica.

Los acentos y los cambios de volumen entre las diferentes notas son fundamentales para que nuestro toque tenga sentimiento. Para que una frase no suene simplemente a una sucesión de notas, sino que tenga peso, o como decimos en el flamenco, que tenga aire.

Así pues, te recomiendo que estudies despacio, y sobre todo, consciente de “-que estoy haciendo, y por qué”.

La velocidad llega después.

Feliz estudio.